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Es el tiempo de los amigos

CURSO 2016 – 2017

Familia que celebra y agradece

Como cada encuentro de oración, llegamos alegres y contentos a vivir y compartir vida interior y la vida de cada día. Y nos reunimos en un encuentro profundo y festivo como es la vivencia de la Eucaristía. Porque es un momento diferente, una recogida de experiencias compartidas, mes tras mes, a lo largo de este curso que finaliza.

Después de efusivos saludos, el oratorio, preparado con gusto y detalle, va tomando aires de familia que, en torno al misterio de Jesús, con los textos propios de la Misa de San Enrique y con la memoria de Teresa en el corazón, va a ser testigo de la Eucaristía, presidida por el Párroco de la Sagrada Familia D. Pablo Aranda e intensamente vivida por todos cuantos nos sentimos miembros de esta Familia Teresiana.
Una familia que se siente abierta al mundo y solidaria con la Humanidad –que es y se hace humanidad desde la presencia de Jesús-. Así comenzamos cantando "En el altar del mundo" y sintiéndonos parte de ese altar.
En la homilía, resuenan las palabras que nos recuerda la coincidencia de una fecha histórica: 24 años de la Canonización de San Enrique, y que aprovecha para corroborar el texto evangélico que acabamos de escuchar: la parábola de la sal y de la luz. ¡Con qué poco podemos comer y con qué poco ver!, nos recuerda. E insiste en que el cristiano debe aprender así, con poco, compartiendo vida y fe y con la confianza puesta en que el Señor es el lote de nuestra heredad; nos invita a seguir encontrándonos con Él en la soledad, que no es soledad sino gozo de encuentro y compañía permanente, como Enrique.

Las peticiones se complementan con la acción de gracias por tantos dones recibidos a través de Enrique y de Teresa, por tanta sal y tanta luz como se nos ofrece y se nos da, por la alegría de poder compartir la presencia de Jesús en nosotros. Y la petición surge espontánea orientada a seguir sintiendo la compañía de ir con Jesús por la vida, de experimentar su presencia, de que tengamos fortaleza para afrontar el sufrimiento; y también el recuerdo para que el Señor bendiga este final de curso en tantos jóvenes que un día quisiéramos ver dentro de esta familia teresiana.

En el Ofertorio, dejamos en el altar nuestras honras y voluntades, nuestras vidas, para que el Señor disponga de ellas, haciendo eco de palabras de Teresa: "Aquí está mi vida, aquí mi honra...

Después de la intimidad de la comunión, despedimos la celebración en un tú a tú con el Señor y le cantamos con el corazón, que vamos con Él en el andar por la vida; que somos su gente, sus manos, su historia, su abrazo para un mundo hermano que sufre y muere.
Como no podía ser menos, se nos pide una sencilla evaluación, Un paso más, que nos oriente a revivir las experiencias de este curso, a reflexionarlas, a disfrutarlas y, si viene el caso, a mejorarlas para seguir viviendo y compartiendo juntos en familia teresiana.

Terminamos con la cena compartida, una cena que va del yo al tú; mi manjar es para ti y el tuyo para mí. Y disfrutamos y nos despedimos y llevamos a nuestros familiares y amigos la fuerza recibida.

¡TODO POR JESUS!

 

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