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Encuentro de oración. 29 de septiembre de 2017

 

Curso 2017 – 2018.Un paso más.

Adentrándonos en nuestro interior: conocernos – conocerte – hacerte conocer y amar.

Ávila, Taizè, Familia Teresiana en el Vedat de Torrent… Cristo Jesús.

 

La cruz-icono- con la imagen de Jesús en ella, ha sido el símbolo que ha motivado nuestra oración después del descanso estival.

Encuentro, saludos, alegría de poder continuar juntos la vida de fe en Jesús; he ahí el verdadero móvil de nuestra respuesta a la oración. Niños, jóvenes y adultos… La convocatoria tenía hoy una novedad y albergaba una expectativa: se había invitado a los padres a tomar parte en esta actividad, si así lo deseaban. Un modo de que, poco a poco, los padres tomen conciencia de la importancia vital de la fe en su vida y en la de sus hijos. Había un buen grupo… El grano irá haciendo granero.

El ambiente semioscuro, de velas encendidas que partían de la cruz y reposaban sobre damasco rojo; en medio, alzada, la cruz, una cruz que se “abajaría” después para recibir la intimidad del creyente, de sus amigos. En la guía oracional, al alcance de todos, cánones propios de los oradores de Taizè, frases de Santa Teresa, versículos de Salmos, Palabra de Evangelio… Latín, castellano, Italiano, inglés… Somos uno en Jesús.

La oración, en la intimidad, salpicada por repetitivos cantos y por palabras de Teresa en el libro de la Vida y Camino de Perfección. Pocas pero profundas: silencio y melodía oracional. “Ven, Espíritu Santo…”, “Dios de toda eternidad, quisiéramos buscarte…”, “Nada te turbe…”, “Alabado sea el Señor por todo…”, “Bendice, alma mía, al Señor…” y recitado del Salmo 103.

La lectura del Evangelio, en fragmento de Lucas sobre el hijo pródigo centró el contenido oracional, callado, como “locos de amor”. Un amor del Padre y del Hijo que se inclina y baja y que nosotros recibimos y adoramos: de ahí la adoración individual y espontánea, arrodillados e inclinados sobre la cruz. Silencio íntimo, roto, por cantos repetitivos de entrega, de confianza, de agradecimiento. Al final, la oración común de intercesión con el “Ubi caritas” de fondo y el Padrenuestro que une y anima a seguir adelante. La despedida, dirigida a Dios, a su bondad que está presente y guía nuestra vida de cada día.

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